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AMERICAN DREAM. El coach de Vevers

El coach de Vevers

Stuart Vevers no había vuelto a trabajar en una marca americana desde que se graduó de la Universidad de Westminster en 1996 hasta que entró a Coach en 2013, y vaya que se ha encargado de que nos demos cuenta.

En los años que siguieron a ese primer trabajo de recién graduado en Calvin Klein, Stuart pasó por Louis Vuitton, colaboró con Luella Bartley y Giles Deacon. Su primera misión de rescate fue con la marca británica Mulberry, Vevers se unió como director creativo en 2005 y fue una pieza clave en la transformación de la marca, de una sobria firma de artículos de cuero hasta la casa de diseño responsable de muchas de las carteras más conocidas de la década. Su trabajo lo hizo ganador del diseñador de accesorios del año en los premios British Fashion Design 2006.

Su segunda misión no fue tan celebrada como la primera, pero sabemos que el segundo disco no siempre supera la ópera prima. Vevers fue apuntado director creativo de Loewe en 2007.

Fue el primero en establecerse en Madrid para el desempeño de su cargo y también en supervisar todas las categorías de productos que salían con el nombre de la marca.

En junio de 2013 Vevers anuncia su fichaje en Coach, una marca que representa la quintaesencia de la moda americana. Sin duda el reto más importante para el diseñador inglés hasta el momento. “Aunque siempre pensé que era más una aventura que un desafío” nos explica Vevers en una entrevista exclusiva que otorgó a DNA Magazine. “Lo más importante, sin duda, era repensar la marca, darle una nueva identidad, tanto para los hombres como para las mujeres, y vestir. Mi única opción era comenzar. Empezar a investigar, empezar a hacer las cosas. La respuesta del público en la primera colección fue increíble y esto me dio la confianza para seguir adelante”.

Coach tiene archivos para satisfacer al más intenso de los ratones de biblioteca. Así que el diseñador se sumergió en la herencia de la marca y varios elementos de nostalgia americana antes de presentar la primera colección ready- to-wear frente a una foto gigante de una calle de Oregón de 1979 por Joel Sternfeld.

La colección, celebrada por la prensa, rápidamente se colocó en el feed de Instagram de las bloggers más reconocidas. “Creo que los nuevos códigos de lujo están siendo definidos por la próxima generación que quiere gastar su dinero en unos zapatos deportivos, una camiseta o un bolso divertido”, nos cuenta Vevers, “ellos quieren algo que refleje sus vidas y personalidades, pero todavía tienen la fantasía de la moda. Y creo que Coach es una alternativa fresca”.

O por lo menos en eso la ha logrado convertir. Con el galardón de mejor diseñador de accesorios del año de CFDA que recibió en el pasado mes de junio, Vevers recibe la aprobación de sus colegas estadounidenses. Un premio sumamente valioso al tratarse de un extranjero vendiéndole nostalgia americana a americanos.

Con el paso del tiempo, de 2014 (cuando presentó su primera colección para Coach) hasta ahora, se ha hecho evidente que los códigos que plasma una y otra vez sobre la ropa y los accesorios vienen de un lugar más profundo que los archivos de Coach en Nueva York. Su trabajo está muy influenciado por su percepción de América cuando estaba creciendo en Yorkshire. Vevers explica que las películas americanas se sentían sumamente aspiracionales en esa época. “Todavía vuelvo a muchas de esas películas que vi en ese entonces.” El icónico suéter Apollo de su primera colección, tomado de una escena escalofriante de El Resplandor (1980), es evidencia de esto.

Su última colección, Otoño/Invierno 2017, vuelve al cine americano para inspirarse: “El punto de partida (…) provino de Back in the Days (un libro de fotos de estilo callejero de la escena del hip hop en la década de 1980 en Nueva York), por lo que es muy Manhattan. Para el desfile, quería contrastar eso con un conjunto que se sentiría nostálgico y cinematográfico, con cierta inquietud. En la parte trasera del set había una vieja cabaña que parecía que se podía caer en cualquier momento, lo que daba una sensación de peligro a los procedimientos. En la pared detrás de la choza teníamos una imagen panorámica enorme de la hora mágica en una pradera: quería que se sintiera dorada y cálida. Pero había algunas nubes oscuras en ese cielo. Terrence Malick era probablemente la referencia más grande para eso, y habíamos estado jugando con referencias de Paper Moon (1973). Así que estaba contrastando este sentimiento de Nueva York con esta nostálgica idea de los grandes paisajes americanos”.

Texto Sofía Agostini 
Fotografía Cortesía de Coach