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We All Are G.I.R.L.S. Adiós a una de nuestras series favoritas

We All Are G.I.R.L.S.

Por Enriqueta Arias

 

No todos los finales son felices. Es más, ningún final es feliz. La realidad es que pocas veces aprendemos a decir adiós y pasamos página de forma definitiva.  

 

La semana pasada fue un domingo sin GIRLS. Esta semana será un domingo más sin GIRLS. Seis años condensados en una serie que, como pocas, logró reflejar los momentos más incómodos y desagradables en la vida de cuatro chicas que, entre situaciones de ensayo-error-error-error-error-expectativa y, tal vez, algo de aprendizaje, se convirtieron en mujeres reales con las que definitivamente llegamos a sentir empatía en algún punto de cada temporada, sino es que en todas.

 

Esto no es una análisis de tesis doctoral acerca de la serie. Tampoco es un review de lo que ocurrió en el episodio final. Pero sí es una carta de despedida a uno de los programas de televisión que más ha marcado los últimos años.

 

Cuando Hannah Hovarth entra en escena en la primera temporada, ciertamente proclamó las palabras más proféticas con las que pudo iniciar una serie: “Creo que quizás soy la voz de mi generación o, por lo menos, una voz de mi generación.” Sin duda lo es, y lo seguirá siendo.

 

Pocas mujeres, actualmente y a lo largo de la historia, se vuelven famosas por ser quienes son. Sin imitaciones, sin encores. Erráticas, imperfectas, gordas, sofisticadas, inteligentes, sexualmente abiertas, astutas y honestas. Al contrario, siempre crecemos con la idea de que seremos exitosas si somos todo lo contrario: tontas, delgadas, calladas, silenciosas, recatadas, tímidas, bonitas, complacientes y falsas.

Lena Dunham no pide perdón por quién es,  y por lo tanto te invita a que tú tampoco lo hagas. ¿Por qué? ¿Para complacer a quién? No vale la pena vivir tu vida y jamás ser tu propia protagonista—

Después de su debut en cine con Tiny Forniture, donde no sólo escribió, si no también dirigió y actuó, fue la pre-cuela de lo que GIRLS significaría en la carrera de Lena Dunham. Una mujer que tiene un ojo incomparable para mostrar las complejidades de lo que significa no ser una niña, pero tampoco ser una mujer. Crecer es inevitable, y Lena fue capaz de convertir la materia del mito, de lo que la televisión dice que una fémina debe de ser, y lo convirtió en algo completamente íntimo, volátil, inconsistente y, al mismo tiempo, evidenció que ser mujer es lo más alejado de la perfección y el ideal de Sex and The City. Va más allá de la amistad y tener una familia funcional, disfuncional, eso no importa. Nos recuerda que detrás de esas tantas fábulas sobre nuestra cultura, siempre existe una mujer que se siente invisible, inaudita, enojada, frustrada, perdida. Todas nos sentimos así alguna vez.  Pese a que GIRLS haya llegado a su final, y si bien tampoco logró retratar una generación de mujeres latinas, de clase trabajadora, mujeres negras o asiáticas, como sus protagonistas, sí abrió ciertos tabúes para la televisión; todos ellos dignos de ser mencionados, porque también forman parte de la emancipación de la mujer contemporánea.  Existen cuerpos reales, con defectos y virtudes reales que sienten y viven su sexualidad tal y como es—completamente imperfecta. No hay erotismo falso ni pornográfico. Es real. La mayoría de las veces el sexo es incómodo, egoísta, pero es necesario y al final se siente bien. Pero nos enseñaron a jamás decir eso, porque somos mujeres. Pero la realidad es que las mujeres también disfrutamos el sexo imperfecto, porque no por eso es malo, es simplemente real.  La crisis generacional nos pega a todos. No importa cuál blanca, rica, guapa y maravillosa te quieras sentir. Tú tampoco sabes quién eres, a dónde vas, ni por qué tus aspiraciones no son completamente llenadas en un mundo donde todo parece posible y todos parecemos merecérnoslo todo, pero acabamos frustradas y deprimidas, porque el capitalismo es cruel y la vida no es sencilla de descifrarse. Menos si eres mujer.  GIRLS logró escapar de la mirada sexista y aburrida que nos han vendido contando desde que somos niñas y nos enamoramos de los príncipes de Disney. Si bien, en el fondo de nuestro subconsciente todas las feministas somos machistas, y Lena Dunham tampoco se escapa de ello, pero al menos comienza a cuestionar actos egoístas e individualistas de la heterosexualidad narrativa y paradójica con la que llevamos viviendo décadas. Eso ya representa un cambio.  

Sin duda alguna GIRLS no ha tenido el cierre más increíble en la historia. Sin embargo, ¿qué final es perfecto? Por lo menos en mi vida, ningún final lo ha sido. Pero me deja con mil y un preguntas posibles y una enorme sonrisa, acompañada de cambios, transición, búsqueda, ruptura, ambición, frustración y cotidianidad.

 Seguimos en ruta. Todas somos esas chicas que siguen buscando, aunque no sepamos bien qué estamos buscando, si lo vamos a encontrar y cuando lo encontremos, para qué sirve y qué haremos con eso. Mientras tanto, que así sea.

  

A todas las mujeres que amo y que admiro: Sean amables contigo mismas. Sean amables con otras mujeres. Dejen de dudar de sí mismas. Dejen de juzgar a otras mujeres. Elijan rodearse de mujeres fenomenales que están lo suficientemente seguras de que hay lugar para que todas lleguemos a la meta; a la cima del techo de cristal y romperlo por nosotras y por las futuras generaciones. –Enriqueta

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